Guía de práctica clínica sobre la depresión mayor en la infancia y en la adolescencia

Guía de práctica clínica sobre la depresión mayor en la infancia y en la adolescencia

Herramienta de detección de la depresión pediátrica

Tratamiento de la depresión infantil y adolescente Existe un artículo más reciente sobre la depresión en niños y adolescentes.MOLLY S. CLARK, PhD; KATE L. JANSEN, PhD; y J. ANTHONY CLOY, MD, University of Mississippi Medical Center, Jackson, MississippiAm Fam Physician.  2012 Sep 1;86(5):442-448.
Se estima que la prevalencia de la depresión es del 2,8 por ciento en los niños menores de 13 años y del 5,6 por ciento en los adolescentes de 13 a 18 años.1 La incidencia de la depresión entre los niños y los adolescentes es muy preocupante debido a las consecuencias agudas y duraderas asociadas a los trastornos depresivos. Aproximadamente el 60 por ciento de los adolescentes con depresión tienen recurrencias a lo largo de la edad adulta.2 Además, los adultos con antecedentes de depresión en la adolescencia tienen una tasa de suicidio más alta que los que no tienen esos antecedentes.2 La depresión de inicio en la adolescencia se ha asociado con el abuso y la negligencia3; el bajo rendimiento académico; el uso de sustancias; el embarazo precoz; y las interrupciones en el entorno social, laboral y familiar en la edad adulta.4 -6 Aunque la prevalencia de la depresión adolescente es alta, está significativamente infradiagnosticada y subtratada.7 Debido a la falta de profesionales de la salud mental, los médicos de familia son a menudo responsables de detectar y tratar la depresión infantil y adolescente.8-10 Ampliar

Pautas de tratamiento del trastorno depresivo mayor en américa y europa

La depresión es uno de los trastornos mentales más frecuentes y afecta a entre el 3 y el 5% de los adolescentes en España. El trastorno tiene un gran impacto en los adolescentes, ya que afecta a su desarrollo personal y rendimiento académico y perjudica sus relaciones interpersonales y familiares. A menudo, la depresión en los adolescentes está vinculada a conductas sexuales de riesgo, al alcohol y a las drogas, a los trastornos de conducta y a la alimentación, así como a un mayor riesgo de desarrollar un trastorno bipolar. Además, representa el principal factor de suicidio entre los adolescentes.
La tasa acumulada indica que hasta el 20% de los adolescentes han sufrido al menos un episodio depresivo mayor a los 18 años. Debido a su prevalencia y a su alto porcentaje de cronicidad y recurrencia, la depresión representa un problema de salud pública y no se considera simplemente una cuestión médica, sino también social.
A pesar de su alta incidencia, la depresión sigue siendo una enfermedad infradiagnosticada, especialmente en niños y adolescentes, que a menudo no tienen las herramientas para identificar y comunicar sus síntomas o no son conscientes de su relación con la depresión y, por lo tanto, no reciben asistencia ni tratamiento. La Guía de Práctica Clínica sobre Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia ha sido actualizada en 2018 con el fin de mejorar la asistencia sanitaria a los adolescentes con depresión y ofrecer información detallada sobre este trastorno. Se ha modificado para incluir la literatura científica reciente y sustituye a la versión anterior.

Guías de práctica clínica para la depresión en atención primaria

Los trastornos depresivos mayores y distímicos son trastornos del estado de ánimo unipolares recurrentes y a veces persistentes, que suelen presentarse en la infancia y la adolescencia. Los episodios depresivos pueden aumentar en gravedad y duración con la recurrencia y se asocian con una morbilidad sustancial y riesgo de suicidio. Por lo tanto, el papel de los servicios de salud mental para niños y adolescentes en la intervención temprana y el manejo es de gran importancia. Este documento reúne las pruebas actuales de la investigación y la práctica clínica habitual, en unas directrices para el tratamiento especializado de los trastornos depresivos en la infancia y la adolescencia. Se ha comprobado que tanto la psicoterapia como la farmacoterapia son beneficiosas para el tratamiento agudo de niños y adolescentes con trastornos depresivos. Según las pruebas actuales, la psicoterapia puede ser el primer tratamiento para la mayoría de los jóvenes deprimidos, pero los antidepresivos deben considerarse para aquellos con depresión grave. Todos los pacientes necesitan una terapia de continuación, y algunos necesitarán un tratamiento de mantenimiento. Se revisan las pruebas que apoyan la eficacia de los tratamientos psicológicos y psicofarmacológicos. Se sugiere una integración de enfoques como guía para la planificación del tratamiento.

Tratamiento basado en la evidencia para la depresión adolescente

Como parte de un plan nacional para mejorar los resultados de la práctica clínica, el Consejo Nacional de Salud e Investigación Médica (NHMRC) se embarcó en un programa para producir guías de práctica clínica basadas en la mejor evidencia disponible. Estas directrices debían ayudar a los médicos en su práctica y proporcionar a los consumidores información sobre las opciones de tratamiento. Una de las primeras directrices publicadas se refería a la depresión en los jóvenes de 13 a 20 años,1 reconociendo la alta prevalencia de esta condición y el deterioro que causa.2 Han pasado más de cinco años desde la publicación de las directrices, y es hora de examinar si hay suficiente evidencia nueva para justificar su actualización. Este artículo se centrará en los tratamientos de los que se ha obtenido alguna indicación clara de eficacia.
AntidepresivosLos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) se prescriben habitualmente para el tratamiento de los trastornos depresivos en adultos. Basándose en los resultados de un ensayo controlado aleatorio (ECA) de la fluoxetina (20-60 mg diarios), que no encontró ningún beneficio global en una pequeña muestra de adolescentes,3 las directrices de 1997 no recomendaron los antidepresivos como primera línea de tratamiento en los jóvenes. Las directrices establecían que la medicación sólo debía utilizarse si la terapia cognitivo-conductual (TCC) no tenía éxito, si la depresión era tan grave que interfería con la capacidad del joven para participar en el asesoramiento, o si ponía en peligro su vida.4 Esto puede explicar las bajas tasas de uso de antidepresivos entre los adolescentes deprimidos en Australia.2

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